Movidillas

La verdadera historia de Barrio Sésamo

La puerta que estáis a punto de traspasar marcará vuestras vidas desde el mismo momento que empecéis a leer esta estremecedora historia. Nunca podré advertiros todo lo que en un principio quisiera pero sólo os digo que, si erais como nosotros, es decir, gente que amaba la dulzura de los siempre simpáticos personajes de esta educativa serie, por favor, no sigáis leyendo.
A partir de aquí es todo decisión vuestra y cualquier trastorno que esta lectura os produzca será única y exclusivamente culpa vuestra.
Quedáis avisados.

LA VERDADERA HISTORIA DE BARRIO SESAMO
(el autor no desea ser conocido)
-¡Espineeteeee! ¡Espineeteeee! Era Don Pimpón quien aporreaba la puerta de la caseta verde de Espinete. El pobre monicreque de color rosado estaba todavía recuperándose de la terrible moña que había sufrido el día anterior en la fiesta de Chema, el panadero yonqui. En una cama encharcada por sus propios vómitos, Espinete tenía sus púas de esparto asquerosamente babadas. Trozos de plátano, restos de mortadela con aceitunas y un fuerte olor a whisky barato cerraban la jugada. Dubitativo y errante, el pobre Espinete abrió la puerta a Don Pimpón, quien estaba toqueteando a Ruth, una de las niñas que esnifaba coca en mitad de la plaza. La niña no se dejaba hacer mucho más. - ¿Qué cojones quieres, Pimpón? -dijo Espinete, encendiendo un Celtas sin filtro. Don Pimpón soltó a Ruth, que se fue a hablar con la gallina Caponata, a ver si le ponía un huevo de cocaína. - Pues nada, Espinete -dijo Don Pimpón rascándose los cojones-, venía por aquí a ver si me dejas mil duros, que he quedado a debérselos a la madre de Ruth por el... trabajito que me hizo ayer. - Joder Pimponeti, eres la hostia tío, ¿no te llego yo aunque tenga que hacer de pasivo? - Nooo, Espineeeteee, nooo, dame cinco papeles ya, hostia, que si no, el chulo me va a matar, joder. - Vete a la mierda, yo estoy mareado y me voy a potar a la puta chabola esta de los cojones, que en el ayuntamiento son unos hijos de la gran puta y no me quieren dar una vivienda social, ¡joder, que me aso en esta puta mierda de barracón! Don Pimpón desapareció cuando Espinete entró de nuevo en su choza. Las arcadas fueron audibles desde fuera de la plaza, y la pota visible porque salía por debajo de la puerta. Unos niños saltaban a la comba, mientras las niñas entraban en el supermercado a comprar botellas de ginebra con las pagas que les habían dado sus mamás. La cajera, en un principio, no les quiso atender, pero cuando le pusieron la pipa encima del escáner de la caja no tuvo más remedio que regalárselas.
Don Julián se sonaba las narices con su pegajosa boina, y es que tenía razón el médico: tantos porros de avecrem son malos para la nariz. Aún así este hombre, tal vez por influencia de los comics de "Martínez el facha", decidió advertir a los niños que no era bueno beber ginebra a pelo. - Niños... niños... ¡niñoooos! Nada, los niños no le hacían ni puto caso. Al final, después de partirle la cara de una hostia a un niño que jugaba con una pelota todos los demás atendieron. - Joder, menos mal... ¿no veis que la ginebra sola es mala para el hígado? ¿No os han dicho vuestros padres que hay que mezclarla con algo, como la tónica? - ¿De verdad, don Julián? -dijo un niño después de pegar un fuerte sorbo a la botella de Gordons. - Sí, y tengo unos burman-flash caducados y descongelados que pueden estar cojonudos con la ginebra, a ver si nos podemos montar un botellón de "gin flash". Todos los niños gritaron "¡Bien!" y "Viva don Julián".
Ana pasó por allí subida en su puta bicicleta sin sillín, pero Don Pimpón, que está siempre al acecho, le pegó un adoquinazo en la cabeza y la dejóK.O. el tiempo suficiente para consumar la violación, arrancándole a tiras el horroroso chándal que llevaba. Roberto, el hermano gitano de Ruth se llevó la bicicleta mientras Don Pimpón se clavaba a Ana.
Pero apareció el sargento Romerales por allí. Los niños escondieron las botellas de ginebra y apareció don Julián cargado de Burman Flashes. Romerales le dijo: - ¡Hostia, don Julián! dame un burmanflás de esos, joder, que se nos jodió el aire acondicionado del coche patrulla y me aso, que ya llamó la pelma de la Cano medio histórica diciendo que un yonqui estaba asaltando su puta farmacia y que ya había matado al plastazo del hijo mediano, el Guille de los cojones. Don Julián le dio dos Burman. Los niños que aún no habían caído al suelo cogieron con entusiasmo los Flashes y los mezclaron con la ginebra. Una niña de unos siete años empezó a vomitar en los pies de don Julián, y éste reaccionó dándole una terrible patada a la niña, tan terrible que además de levantarla metro y medio del suelo le desfiguró el rostro, pero no dejó de vomitar boca arriba por ello, ahogándose en su propia pota. Cuando Don Pimpón se aburrió de Ana fue a por el cadáver de la niña y decidió tener alguna práctica necrofilia y pederasta a la vez. Era de las pocas cosas que no había probado todavía.
Espinete seguía potando en el cuarto de baño, pero al terminar resbaló con sus meos de la semana anterior y se pegó la gran hostia contra el bidé, que partió en cuatro y le provocó grandes brechas en la frente. Además, se clavó la cañería en un ojo y dejó allí la mitad de sus púas.
El piso de Epi y Blas era un asqueroso chamizo de quince metros cuadrados en el que había dos camas, una estantería, un lavabo, una mesa camilla con un brasero que estaba empezando a quemar las faldillas de la mesa, una ducha sin mampara que goteaba arrítmicamente, un retrete con inodoro incrustado en la pared y una cocina que siempre olía a butano. Habían llamado al fontanero una semana atrás, pero no había venido y el inodoro desbordaba excrementos por todas partes, con lo que el olor del chamizo era aún más apestoso, entre butano, mierda y los platos sin fregar en el lavabo. Blas dormía su siesta tranquilamente mientras Epi, nacional-bakaladero, tenía la música bakalao hardcore a todo volumen y bailaba sin control alguno, pues los tripis le habían dejado muy colocado. Blas se levantó, molesto por la música. Así le dijo a Epi: - joder, Epi, no sé que es mas asqueroso, si la puta basura del bakalao este de los cojones o el olor a mierda del water. Epi, que estaba colocadísimo por culpa de los tripis, le dio una rotunda patada a Blas en la cara con sus Doctor Martins y lo dejó inconsciente.
Chema hizo su aparición en la caótica plaza. En una muralla, unos niños asaban viva a la gallina Caponata, quien no quería venderles quinientas pápelas de jaco. En el centro de la plaza, niños y niñas por el suelo, borrachos como cubas, y dentro del quiosco don Julián se sonaba los mocos con los periódicos. Ana recuperaba poco a poco la consciencia y pudo apreciar su chándal nuevo hecho jirones. Al ver que estaba manchada de semen azul, se dio cuenta de que sólo podía ser Don Pimpón el autor de una machada semejante, así que fue hacia donde estaba Don Pimpón clavándose a la niña muerta, cuya cabeza giraba en círculos errantes. Don Pimpón tenía que agarrarla para que no se cayese. La cuestión es que Ana arrancó una farola y empezó a hostias con el pobre Don Pimpón, a quien rompió las dos piernas y le estalló el bazo.
Pues bien, Chema, el panadero yonqui, asaltaba a los transeúntes diciéndoles aquello de: - Oye colega, me dejas cinco duretes que tengo que llamar por teléfono.... es que tengo que llamar al hospital, tronco, que está mi hermano allí... Alguna vieja le daba los cinco duros, pero aún no tenía lo suficiente para comprar toda la droga que quería. Por eso fue a ver a su amigo Espinete.
Espinete ya había recobrado la consciencia en el suelo inundado de su lavabo. Tras potar por enésima vez, fue a abrirle la puerta a Chema, quien le pedía una hipodérmica. Espinete, con babas en el hocico, le dijo que sólo tenía una usada, pero a Chema le daba igual porque ya tenían los dos el SIDA. En la calle un niño comía un muslo de la gallina Caponata. En mitad de la plaza hizo su aparición Super-Coco. - ¡Hola niños y niñas! Soy Super-Coco y os voy a enseñar la diferencia entre el vodka de marca y el vodka de garrafón. Los niños y niñas que aún sobrevivían atendieron con gran interés las palabras de Super-Coco. Este, al terminar la lección, se fue camino de su base en el polo Sur, pero un avión de la armada de Ceilán lo derribó encima de Sri Lanka.
Otro que hizo su aparición fue Triqui, el monstruo de las basuras. Comía todas las basuras que encontraba por la calle; mejor dicho, las fagocitaba. Las fundas de los burman-flashes se le indigestaron y tuvo que ir a comprar bicarbonato. De paso se comió a la farmacéutica.
Ya no quedaba ningún niño vivo en la plaza cuando el Fary entró con su taxi. Aplastó a seis o siete niños borrachos con la mala suerte de frenar encima de una inmensa potada, y se fue a estrellar contra el quiosco de don Julián, quien murió en el acto. El Fary, borracho como una cuba, se volvió a su casa andando sin su taxi, destrozado en acto de servicio. Se cruzó por el camino con Nieves Herrero, quien iba a hacer un reportaje sobre el nuevo Barrio Sésamo, pero el camión de la basura la aplastó contra una pared y quedó peor que un grafiti.
Una ambulancia del SAMUR recogió a Don Pimpón, casi agonizante. Espinete, rascándose los cojones desde la puerta de su casa, se preguntaba cuándo llegaría su primo Yupi en su nave. Poco tardó en llegar, pero cuando llegó le destrozó la barraca porque en vez de utilizar el rayo tractor usó el rayo láser. Yupi venía con su amigo Buck Rogers, quien a su vez llamó a MacGyver para que arreglase la caseta de Espinete con una caja de cerillas.
Triqui reapareció diciendo: - Basura. ¡Quiero basuraaa! áam, basura rica, áam, áam. El barrendero municipal barrió a todos los niños y niñas de la plaza, quitándoles eso sí los dientes de oro, las cadenas, relojes y anillos. Chema yacía muerto debajo de una farola con una jeringuilla clavada en el brazo derecho, destrozado por los pinchazos.
Blas recuperó la consciencia por culpa del horroroso olor a mierda que invadía la habitación. Como era sadomasoquista, empezó a calentar a Epi gritando cosas como "Viva la república" o "Berlín, sin muro, no vale ni un duro". Las Doc Martins de Epi estaban perdidas de sangre por las patadas que daba a Blas en los cojones.
Casimiro dejó su estúpido programa en la televisión para hacer que los niños no se acostasen nunca... solos. Su nueva canción decía: "Me cago en tu puta madre, que te pongan caviar de cena, vete de discotecas y cómete a quince guarras, dale una paliza a la monja que pasea por la calle y sácale los ojos a tu puto perro que una vez se cagó encima de tu chupa favorita".
El Barrio Sésamo estaba presidido por la música bakalao. Apareció Gustavo, el reportero más dicharachero de lo que quedaba de Barrio Sésamo ataviado a lo Pérez Reverte en Yugoslavia. Perejil murió aplastado por Gustavo, quien no se percató de su presencia. Triqui se comía los restos de Perejil.
Espinete y Yupi se fueron a dar una vuelta en la nave de este último y también a ponerle uranio a Chernobil porque no quedaba mucho en la recámara. Aburrido de su profesión, Gustavo se encontró a Petete y su puto libro de los cojones y se pusieron a jugar a la ruleta rusa con la pipa que tenían los niños. Al final, Petete no tuvo suerte y una bala atravesó su cráneo hueco. Quedó tumbado en el suelo, con la cabeza totalmente destrozada, como si fuese un coco partido por la mitad.
Gustavo se dedicaba a las apuestas ilegales del barrio. Quería cobrar a Chema todo lo que le debía, pero al encontrarse el cadáver no pudo hacer otra cosa más que emprenderla a patadas con su puta calavera: le arrancó la piel de la cara hasta que se le vio el cráneo, le sacó los ojos y se puso a jugar a las canicas con ellos y los cojones. Además, adulteró la droga con la harina de su panadería. Su principal cliente, Espinete el traficante, sería la víctima perfecta. Con la piel de Chema, Gustavo se hizo una gabardina nueva. Se fue a la tienda a comprar una gilette para acabar de rasurar las cejas, que le quedaban a la altura del esternón y no eran estáticas. "Si alguien tapiza su coche con la piel de una vaca", pensaba, "¿por que no puedo hacerme una gabardina de camello?". El problema es que por culpa de los pinchazos en los brazos de Chema, la gabardina era como un queso gruyere. Ruth se prostituía con su madre bajo la atenta vigilancia de su padre, el chulo del barrio. Colombo fue el primer cliente. Después vendrían muchos otros. Por la ventana del piso de Epi y Blas se veía bailar a Epi, y a veces, a Blas, siempre y cuando su amigo Epi no le pegase muy fuerte en la cabeza con el bate de béisbol regalo del cojo Manteca, que aún tenía algunos cristalitos.
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Crónica de una vida en pareja

Pongamos que un chico llamado Luis se siente atraído por una mujer llamada Esther. El le propone ir juntos al cine, ella acepta, se lo pasan bien. Unas pocas noches después el le invita a ir a cenar, y de nuevo están a gusto. Siguen viéndose regularmente, y un tiempo después ninguno de ellos ve a ningún otro.
Entonces, una noche cuando van hacia casa, un pensamiento se le ocurre a Esther y, sin pensarlo realmente, ella dice:
- Te das cuenta de que justo hoy hace seis meses que nos vemos?
Y entonces se hace el silencio en el coche. A Esther le parece un silencio estruendoso. Ella piensa: -Vaya, me pregunto si le habrá molestado que yo haya dicho eso. Quizás se siente restringido por nuestra relación; quizás crea que yo estoy tratando de forzarle a alguna clase de obligación que el no desea, o sobre la que no esta muy seguro.
Y Luis esta pensando: -Vaya. Seis meses.

Y Esther piensa: -Pero yo tampoco estoy segura de querer esta clase de relación. A veces me gustaría tener un poco mas de libertad, para tener tiempo de pensar sobre lo que yo realmente quiero que nos mantenga en la dirección a la que nos estamos dirigiendo lentamente... quiero decir, ¿hacia donde vamos? ¿Vamos simplemente a seguir viéndonos en este nivel de intimidad? ¿Nos dirigimos hacia el matrimonio? ¿Hijos? ¿Una vida juntos? ¿Estoy preparada para este nivel de compromiso? ¿Es que conozco realmente a esta persona?
Y Luis piensa: -... así que eso significa que fue... veamos... febrero cuando comenzamos a salir, que fue justo después de dejar el coche en el taller, o sea que... veamos el cuentakilómetros... _Leche! Tengo que cambiarle el aceite al coche.
Y Esther piensa: -Está disgustado. Puedo verlo en su cara. Quizás estoy interpretando esto completamente mal. Quizás quiere mas de nuestra relación, mas intimidad, mas compromiso; quizás el ha notado -antes que yo- que yo estaba sintiendo algunas reservas. Si, apuesto a que es eso. Por eso es tan reacio a decir nada sobre sus propios sentimientos. Tiene miedo de ser rechazado.-
Y Luis piensa: -Y voy a tener que decirles que me miren la transmisión otra vez. No me importa lo que esos imbéciles digan, todavía no cambia bien. Y esta vez será mejor que no intenten echarle la culpa al frío. _Que frío? Hay 30_C fuera, y esta cosa cambia como un camión de basura, y yo les pago a esos ladrones incompetentes 60.000 pelas.-
Y Esther esta pensando: -Está enfadado. Y no puedo culparle. Yo estaría enfadado, también. Dios, me siento tan culpable, haciéndole pasar por esto, pero no puedo evitar sentirme como me siento. Simple y llanamente, no estoy segura.-
Y Luis piensa: -Probablemente me dirán que solo tiene tres meses de garantías. Eso es justo lo que van a decirme, los capullos.-
Y Esther esta pensando: -Quizás soy demasiado idealista, esperando que venga un caballero en su caballo blanco, cuando estoy sentada al lado de una persona perfectamente buena, una persona con la que me gusta estar, una persona que realmente me importa, una persona a la que parezco importarle realmente. Una persona que sufre por causa de mi egocéntricas fantasías románticas de colegiala.-
Y Luis piensa: -Garantía? _Quieren una garantía? Les daré una garantía. Cogeré su garantía y la...-
- Luis -dice Esther en alto
- _Que? -dice Luis, sorprendido
- _Por favor, no te tortures así! -dice ella, con un inicio de lagrimas en sus ojos. - Quizás nunca debí haber dicho... Oh, Dios, me siento tan...- Se interrumpe, sollozando.
- _Que? -dice Luis
- _Soy tan tonta! -solloza Esther-. Quiero decir, ya se que no hay tal caballero. Realmente lo se. Es estúpido. No hay caballero, ni caballo.
- _No hay caballo? -dice Luis.
- Piensas que soy tonta, _verdad? -dice Esther
- _No! -dice Luis, contento por fin de conocer la respuesta adecuada
- Es solo que... solo que... necesito algo de tiempo -dice Esther
Hay una pausa de 15 segundos mientras Luis, pensando todo lo rápido que puede, trata de decir una respuesta segura. Finalmente se le ocurre una que cree que puede funcionar:
- Si -dice
Esther, fuertemente emocionada, toca su mano:
- _Oh, Luis, _realmente piensas eso?! -dice ella
- _El que? -dice Luis
- Eso sobre el tiempo -dice Esther
- Oh, -dice Luis-, si, claro.
Esther se vuelve para mirarle y fija profundamente su mirada en sus ojos, haciendo que el se ponga muy nervioso sobre lo que ella puede decir luego, sobre todo si tiene que ver con un caballo. Al final, ella dice:
- Gracias, Luis
- Gracias -dice Luis
Entonces el la lleva a casa, y ella se tumba en su cama, un alma torturada y en conflicto, y llora hasta el amanecer, mientras que Luis vuelve a su casa, abre una bolsa de patatas, enciende la tele, e inmediatamente se encuentra inmerso en una retransmisión de un partido de tenis entre dos checos de los que nunca ha iodo hablar. Una débil voz en los mas recónditos rincones de su mente le dice que algo importante pasaba en el coche, pero esta bien seguro de que no hay forma de que pudiese entenderlo, así que opina que es mejor no pensar sobre ello. (Esta es también la política de Luis acerca del hambre en el mundo).
Al ida siguiente Esther llamara a su mejor amiga, o quizás dos de ellas, y hablaran sobre la situación sobre seis horas seguidas. Con doloroso detalle, analizaran todo lo que ella dijo y todo lo que el dijo, pasando sobre cada punto una y otra vez, examinando cada palabra, y gesto por nimios significados, considerando cada posible ramificación. Continuaran discutiendo el tema, una y otra vez, por semanas, quizás meses, nunca llegando a conclusiones definitivas, pero nunca aburriéndose de el, tampoco.
Mientras, Luis, un ida mientras ve un partido de fútbol con un amigo común suyo y de Esther, durante los anuncios, fruncirá el ceno y dirá:
- Raúl, _tu sabes si Esther tuvo alguna vez un caballo?
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Diario de guerra. Un hombre solo ante el mundo

LUNES
Me he quedado solo en casa. Mi mujer está ausente toda la semana. Es un cambio que me viene de perlas. Presiento que el Perro y YO lo vamos a pasar en grande. He preparado un riguroso programa de actividades, y sé exactamente a que hora me levantaré , cuánto tardaré en ducharme y arreglarme, y cuánto en preparar el desayuno. También he calculado el número total de horas que me llevará lavar los platos, hacer la limpieza, sacar a pasear al perro, ir de compras y cocinar. Ha sido una grata sorpresa darme cuenta de que me queda mucho tiempo para hacer lo que quiera. No sé por qué las mujeres hacen que el trabajo doméstico parezca tan complicado, cuando en realidad es mínimo el tiempo que hay que dedicarle. TODO ES CUESTION DE SABER ORGANIZARSE. A la hora de la cena me he servido un bistec y le he dado otro al perro. Puse en la mesa un bonito mantel, una vela y un florero con rosas para crear un ambiente agradable. El perro ha comido paté de entremés y también de plato fuerte, éste último acompañado por una exquisita ración de verduras. De postre le serví galletas. Yo tomé un poco de vino y me fumé un habano. No me había sentido tan a gusto en mucho tiempo.

MARTES
Debo revisar mi programa: creo que necesita algunos ajustes menores. Le he explicado al perro que, desde luego, no todos los días son de fiesta, así que no debe esperar entremeses a diario, ni que le sirva cada comida en tres tazones, pues tendría mas trastos que lavar. En el desayuno me he dado cuenta de que el zumo de naranja hecho en casa tiene un inconveniente: hay que lavar el exprimidor cada vez que se usa. Una solución es preparar zumo para dos días; así la frecuencia se reduce a la mitad. También he averiguado que las salchichas se pueden calentar junto con la sopa, lo cual representa una cacerola menos que lavar. Definitivamente, no pienso pasar la aspiradora todos los días, como quería mi mujer; pasarla cada tres días es más que suficiente. La clave está en usar zapatillas para estar en casa y limpiarle las patas al perro. Por lo demás, me encuentro de maravilla.

MIERCOLES
Empiezo a creer que los quehaceres domésticos llevan más tiempo del que me había imaginado. Tendré que reconsiderar mi estrategia. Primer paso: he salido a por un poco de comida para llevar; así no perderé tanto tiempo cocinando. No debe uno tardar más en preparar la comida que en comérsela. Hacer la cama es otro problema: primero hay que levantarse, luego ventilar la habitación y luego extender sábanas y mantas. !Qué engorroso! Creo que no es necesario hacer la cama todos los días y menos si voy a acostarme en ella todas las noches. Es una tarea sin sentido. Ya no preparo nada especial ni complicado para el perro. Le he comprado alimento enlatado para mascotas. Puso cara de repugnancia pero de nada le valdrá ; . Si yo tengo que conformarme con comida preparada, é l también puede hacerlo.

JUEVES
No más zumo de naranja ¿Cómo puede ensuciar tanto una fruta que parece tan inocente?. ¡Es inconcebible! De hoy en adelante compraré zumo embotellado, listo para beber. Descubrimiento: he conseguido salir de la cama sin desarreglar casi las sábanas; después sólo he tenido que alisar un poco la colcha con las manos. Desde luego, hacer esto requiere práctica y no puede uno moverse mucho mientras duerme. Tengo la espalda dolorida, pero una ducha caliente me dejará como nuevo. He dejado de afeitarme todos los días, pues me parece un desperdicio de tiempo; además, así gano unos minutos muy valiosos que mi mujer nunca pierde porque a ella no le sale barba ni bigote. Descubrimiento: es absurdo usar un plato limpio en cada comida. Lavar los platos tan a menudo empieza a ponerme los nervios de punta. El perro también puede comer en un solo tazón: al fin y al cabo, no es más que un animal.
Nota: he llegado a la conclusión de que no hace falta pasar la aspiradora más que una vez a la semana. Salchichas en la comida y en la cena.

VIERNES
¡No quiero saber nada de zumos de frutas!. Las botellas pesan muchísimo. Otro hallazgo: las salchichas saben bien por la mañana, desmerecen en la comida, y son insufribles en la cena. Comerlas más de dos días seguidos puede causar nauseas. Le he comprado alimento seco al perro. Es tan nutritivo como el enlatado y no ensucia el tazón. Me he dado cuenta de que se puede comer la sopa directamente de la olla. Sabe igual y no hace falta usar sopera ni cucharón. ¡Por fin dejaré de sentirme como una máquina lavaplatos!. He decidido no fregar más el suelo de la cocina. Esta tarea, al igual que hacer la cama, me ponía los nervios de punta.
Nota: tendría que prescindir de las latas; el abrelatas se ensucia.

SABADO
¿Qué objeto tiene desvestirse por la noche, si a la mañana siguiente hay que vestirse otra vez?. Yo prefiero dedicar ese tiempo a dormir un poco más. También he dejado de usar sábanas y mantas, lo que me ahorra el trabajo de hacer la cama. El perro dejó caer unas migajas y lo reprendí . ¿Acaso se ha creí do que soy su criado?. ¿Qué curioso, de pronto me doy cuenta que mi mujer a veces me habla así ... Hoy me toca afeitarme, pero no tengo la menor gana de hacerlo. Estoy hecho un manojo de nervios. El desayuno consistirá en algo que no haya que desenvolver, abrir, rebanar, untar, cocer ni mezclar. Todas estas cosas me sacan de quicio. Plan: tomar la comida directamente de la bolsa, encima de la estufa, sin platos, ni cubiertos, manteles ni demás cacharros. Me duelen un poco las encías. Tal vez sea por la falta de fruta, que no he vuelto a comprar porque pesa demasiado. ¿Será acaso la primera señal del escorbuto?. Mi mujer me ha llamado por teléfono por la tarde y me ha preguntado si había limpiado las ventanas y la ropa. Yo solté una carcajada histérica y le dije que no tenía tiempo para esas cosas. Hay un desperfecto en el baño: el desagüe está atascado de espagueti, pero no me preocupa mucho porque he dejado de ducharme.
NOTA: El perro y yo comemos juntos, directamente del refrigerador. Tenemos que hacerlo a toda prisa, para que la puerta no esté abierta mucho tiempo.

DOMINGO
El perro y yo nos quedamos en la cama viendo la tele, donde aparece gente comiendo toda clase de manjares deliciosos. A los dos se nos hizo la boca agua. Estamos débiles y de mal humor. Esta mañana he comido algo del tazón del perro. A ninguno de los dos nos ha gustado. Hoy sí tendré que ducharme, afeitarme, peinarme, prepararle algo de comer al perro, sacarlo a pasear, lavar los platos, arreglar la casa, ir de compras y hacer varias cosas más, pero estoy hecho una piltrafa. Siento como que me caigo y que se me empaña la vista. El perro ha dejado de menear la cola. En un supremo esfuerzo de conservación, hemos salido casi a rastras en busca de un restaurante. Encontramos uno y estuvimos allí más de una hora, comiendo viandas exquisitas en distintos platos. Después nos hospedamos en un hotel. El cuarto está limpio, arreglado y es muy acogedor. He encontrado la solución perfecta para mantener la casa impecable. Me pregunto si a mi esposa alguna vez se le ha ocurrido hacer lo mismo.
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